maravillaObreros y estudiantes no fueron, exclusivamente, los únicos habitantes de la COE. También hubo mascotas. Y hay.

Hoy, Maravilla es amo y señor de la casa de San Jerónimo 2830. Es un gato gris -casi azul- de pelo largo y sedoso, que se pasea por los patios y las habitaciones y se desparrama sobre los apuntes de quien se atreva a sentarse a estudiar en la biblioteca de la casa.

Sin embargo, quienes vivieron en la COE en la década del ’80 y del ’90, salen a competirle a Maravilla desempolvando los títulos de su mascota campeona.perro2 polaroid


Por ese entonces, el más querido de la COE era Dalí, un mestizo de pelaje amarillo.
Osvaldo Manna, uno de los residentes de la vieja casa de 9 de julio, cuenta que un día ese perro comenzó a seguirlo. A todas partes. Y nunca se detuvo. “Yo era el ecónomo de la casa. El perro iba conmigo a la verdulería, a la carnicería, al banco. A recibir a los proveedores. Siempre parado al lado mío”, rememora Osvaldo.

“Dalí fue nuestro perro y nuestro amigo. Estuvo con nosotros en las buenas y en las malas”, destaca Roberto Vignolo. “Vivió 18 años en la COE y se murió en mis brazos, de viejo”, agrega. ¿126 años-perro?
En tantísimo tiempo, Dalí vio pasar a muchos residentes y aprovechó para colgarse algunas medallas doradas. En 1990 obtuvo el primer premio en la Exposición de Perros Mestizos y de Raza Sin Papeles, organizada por la Sociedad Santafesina Protectora de Animales. “Una exposición de perros sin pedigrí”, se ríe Roberto.premiodali marco

Eduardo Lovato -residente de la casa de 9 de julio entre los años 1981 y 1986- agrega otra historia al anecdotario de Dalí: “recuerdo que apareció en alguna portada del diario El Litoral llevando un cartel de alguna manifestación colgado en su cogote“. Dalí era un militante de la vida.perro coe polaroid

“A veces salía a la calle. La puerta se cerraba y Dalí se quedaba afuera, esperando que algún residente llegara para abrirle”, continúa Eduardo. “Una noche, yo volvía sólo a la casa y a mitad de cuadra se me cruzaron dos tipos con intenciones de afanarme. Casualmente, Dalí estaba afuera. Le pegué un grito y el perro vino corriendo, ladrando enfurecido y puso en fuga a los forajidos. Si bien siempre lo quise, desde ese día lo quise más”, se emociona.


Ciertamente, como el Maravilla de hoy, Dalí se ganó un lugar enorme en los corazones
de los ex-residentes de la Casa del Obrero Estudiante de Santa Fe y aparece como protagonista en todos sus recuerdos.

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