Foto: carlospalomino.net

Foto: carlospalomino.net

A Carlos Alberto González Palomino se lo considera uno de los maestros del muralismo latinoamericano. Nacido en Panamá, su extensa obra, iniciada en la década del ’60, siempre estuvo ligada a las luchas populares. Su huella muralista quedó marcada profundamente en su Panamá natal, pero también en México, en Chile, en Perú, en España, en Uruguay y en Argentina.

En 1970 llegó a Santa Fe y buscó refugio en la Casa del Obrero Estudiante. Allí le dieron alojamiento y comida. En agradecimiento por ese gesto de hospitalidad, Palomino decidió regalarles un mural. Se pasó una noche entera pintando. Más de 12 horas de trabajo, sin descanso. Mientras tanto, algún residente de la COE hizo de asistente, cebándole unos mates.

Ese inmenso mural, donde predominan los tonos ocres, marrones y verdes, se quedó para siempre en el salón comedor, acompañando la vida cotidiana de cientos de obreros y estudiantes que llegaron a la casa. Palomino había llegado a Santa Fe como exiliado político de su país. En el mural de la COE, el maestro buscó representar a los más débiles en la guerra de Biafra, África.

Con los años -y con varias refacciones del edificio principal de la COE- la obra se fue desgastando, aunque persiste la idea de restaurarlo y revitalizarlo pronto. Ciertamente, el mural de Palomino en la COE es una gema, un tesoro escondido que merece ser rescatado.

mural

Mural de Palomino en la Casa del Obrero Estudiante de Santa Fe

 

Esa obra se suma a una serie de pinturas imponentes desperdigadas por el continente. Entre ellas, se destaca la del Instituto Nacional de Cultura de Panamá, una obra que recorre la historia de este país a lo largo de todo el vestíbulo de un edificio centenario.

Obra de Palomino en el Instituto de Cultura de Panamá.

Obra de Palomino en el Instituto de Cultura de Panamá.

 

En el mural de la COE, dedicado a los pueblos africanos, pueden adivinarse trazos que acompañaron la totalidad de la obra de Palomino. Esas imágenes, escondidas entre las paredes de la casa de San Jerónimo 2743, guardan un valor incalculable para la historia artística de América Latina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *