Las prácticas deportivas siempre fueron importantes en la Casa del Obrero Estudiante. En especial, el fútbol, por supuesto. Con más o menos residentes, en épocas de crisis o de vacas gordas, indefectiblemente había jugadores de sobra para armar un picadito, proponer un desafío interno entre casas o entre pisos, o bien seleccionar un equipo competitivo para ir a disputar algún torneo amateur en Santa Fe.

 

 

La organización de los partidos y torneos solía estar a cargo de la Subcomisión de Deportes. Allí, en la década del 70, se destacaba la participación de Agustín Galeano, un residente oriundo de Romang que había llegado a Santa Fe para estudiar el Profesorado en Educación Física. En esa época, la Subcomisión organizaba torneos de fútbol, de básquet, de voley, de atletismo y de ping pong, entendiendo que el deporte era uno de los medios más importantes para el compañerismo y la integración de los residentes.

 

 

“Agustín estaba entre los organizadores de esas actividades. Recuerdo que teníamos un equipo de fútbol con el que jugábamos la liga Amistad deportiva, los días domingos”, recuerda Alfredo, quien coincidió con Galeano en sus años de residente y continúa: “Él era nuestro Director Técnico, el responsable de armar el equipo. Antes del domingo, Agustín presentaba la lista con los nombres de todos los que íbamos a jugar, los convocados, y el puesto de cada uno. Nos reunía y comenzaba a leer la lista: En el arco, Cabré. De wing derecho, Lovato, y así hasta terminar el equipo. Pero siempre faltaba el 5. Entonces todos preguntábamos: ¿y de 5 quién juega?. Y Agustín respondía: Ahhh, de 5 juego yo“. Un jugador que tenía toda la cancha en la cabeza… y la cabeza en la cancha.

 

La liga de fútbol Amistad deportiva duró unos 3 años. Estaba integrada por unos 8 ó 9 equipos de algunas casas comerciales vecinas a la COE. La sede de esa liga estaba en la Casa del Obrero Estudiante. “La gestionábamos nosotros. Como se jugaba los domingos y nosotros teníamos la ventaja de que vivíamos todos juntos, siempre presentábamos el equipo completo. A los otros equipos, en cambio, a veces se les dificultaba. Les faltaban 1 ó 2 jugadores. Los partidos se demoraban”, cuenta Alfredo y confiesa: “A la liga siempre la ganábamos nosotros, con amplia mayoría de puntos y de goles. Teníamos un buen equipo y las debilidades ajenas nos permitían sacar mayor ventaja”.

 

Cada año, la liga culminaba con una cena para celebrar la amistad deportiva. Pero lo cierto es que el encuentro nunca era tan amistoso.  “No faltaban las peleas entre los jugadores, las peleas con el árbitro. Siempre había algún conflicto. En verdad, el nombre de la liga quedaba grande”, se ríe Alfredo.

 

El equipo de la COE en el 2008.

El equipo de la COE en el 2008.

Los residentes recuerdan que, en uno de esos partidos domingueros, el árbitro amenazó a los jugadores del equipo de la COE y hasta los persiguió con un cuchillo. Por suerte, los residentes sabían correr.  También cuentan que, en otra ocasión, el Decano y el Tesorero de la COE se trenzaron en una pelea, representando al equipo de planta alta y al equipo de planta baja. Por puro fervor deportivo, dicen.

 

Lo cierto es que los deportes y el fútbol siguen vivos en la Casa del Obrero Estudiante. Hoy los residentes se siguen convocando, como antes, para partidos internos o para desafiar a los de afuera. Los botines se ventilan en las ventanas y en el patio. Las camisetas se secan en la terraza. En una cancha de 5, de 7 o de 11, los pibes siempre están dispuestos a dar pelea.

 

Todavía más: con algo más de panza y un poquito menos de velocidad, pero con la técnica y el amor intacto, los más viejos se siguen convocando en Santa Fe, dentro de la línea de cal, para el picadito del fin de semana.

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